DEPRESIÓN

LA MALDITA DEPRESIÓN

La depresión no es una enfermedad mental.

¿Qué es la depresión?

Asomarte a la ventana y no llorar con la idea de afrontar un nuevo día. Ese puede ser un buen síntoma de la depresión.

La depresión es comenzar tu rutina diaria pensando en la cantidad de cosas que tienes o debes hacer y no llorar para poder avanzar. 

Intentar buscar las ganas para asearte y arreglarte. Eso es síntoma de que tu depresión ya no es moderada. 

Mirarte al espejo y cruzar la mirada con esa persona extraña a la que te cuesta reconocer. Este es un detalle típico de todos los tipos de depresión.

Se parece a ti, pero, no sé, tiene algo diferente en la mirada. Esos ojos vidriosos y enrojecidos no parecen los tuyos.

Se hace extraño mirar a alguien que sabiendo que eres tu no lo reconoces. Esos son síntomas físicos y psicológicos de la depresión.

Ir a la compra y forzarte a coger algo que te convenga y no lo más rápido o lo primero que encuentres. No llorar al pensar la de tiempo que llevas sin ganas de comer o de cocinar.

No llorar cuando la cajera o una vecina te preguntan que te pasa.

Luchar por no gritarle al mundo lo inútil que eres, que no tienes más ganas de seguir viendo sus caras, ni el cielo azul o la lluvia que te recuerda las lágrimas que no paran de correr por tu rostro día tras día.

Cuando tienes una depresión, todas las rutinas son terribles. Todas las acciones que se hacían sin casi pensarlas, se convierten en obstáculos casi infranqueables.

¿Es la depresión una enfermedad?. ¿Es la depresión hereditaria?. 

A mi la depresión me alcanzó por sorpresa. Cuando quise darme cuenta ya estaba postrado en el suelo. El fracaso acrecentó mi idea de inutilidad.

Pero no era fracaso, era un revés. Pero las fuerzas me abandonaron y ELLa se apoderó de mi y cambió las palabras reales por las suyas. FRACASO, INUTILIDAD. ¿Se cura la depresión?

En el momento que la depresión me envolvíó y se apoderó completamente de mi, todas esas rutinas dejaron de realizarse.

No comía, no me aseaba, solo lloraba y me compadecía, mientras la depresión seguía su incansable trabajo.

Quería matarme, ella y yo. O ¿ya no era yo?.

El tiempo se hizo confuso. Los días se fundían con las horas y el mundo dejó de girar.

El sufrimiento físico y mental cada día era más insoportable. El alma se moría. El alma se ahogaba en el oscuro mar de la depresión.

Cuánta gente ha pronunciado alguna vez “qué deprimido estoy”, “qué deprimente es esto” cuando habíamos discutido con la pareja o lo habíamos dejado o habíamos tenido un traspiés en el trabajo.

Creo que todo el mundo las hemos dicho alguna vez, logrando con ello frivolizar con ellas, con las frases malditas que convierten un tremendo problema en algo sin importancia. Quitarle sentido y peligro a la depresión. Dándola así más potencia, dando pié, a que se menosprecie a semejante monstruo.

Por eso cuando una persona se siente profundamente deprimida y logra gritar ayuda, la palabra depresión que debiera describir su problema se ha convertido en una frivolidad.

La depresión no es una enfermedad mental.

La depresión: Don Antonio Muñoz, de la Ventana esmeralda, nos da su opinión sobre la depresión

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